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Opinión

Columnistas
Humberto Seijas Pittaluga

Me preguntaron y contesto…

Recientemente, alguien a quien no tengo el honor de conocer me arguye: “Las FAN no sirven para apoyar ningún movimiento por su carencia de disciplina, preparación y equipos”. Y luego me pregunta: “¿Son las mismas FAN que, hasta ahora, han contribuido a la imbatibilidad de los rojos usurpadores?”. Lo he pensado mucho para contestar. Porque puede traerme consecuencias y porque no será fácil resumir la respuesta en solo novecientas palabras.

Humberto Seijas Pittaluga

Paries cum proximus ardet

A muchos les resulta más familiar la exhortación de Horacio a que se aproveche la juventud: carpe diem —aunque lo que dice literalmente el latinajo es: “disfruta los días”. Que no es mala recomendación. Pero la que quiero traer hoy a colación es aquella que aconseja que tomes pronta acción cuando veas que la pared de la casa de tu vecino comienza arder porque, a menudo, los fuegos cogen más fuerza. Deja omitido, pero es fácilmente comprensible que se refiere a que la casa tuya también corre peligro de incendiarse. El consejo se encuentra en el libro primero de sus Epístolas, y las palabras exactas del poeta son: Nam res tua agitur / paries cum proximus ardet, et neglecta solent incendia / sumere vires.

Humberto Seijas Pittaluga

La verdadera lealtad

Recientemente, Gustavo Coronel —un apreciado amigo y uno de los pocos venezolanos que admiro por sus múltiples virtudes y por una larga vida fructífera y sin tacha— escribió en su blog un artículo que tituló: “La verdadera lealtad es a los valores de rango universal”. Lo que haré hoy, con expreso permiso de Gustavo, es “fusilar” su contenido. Están avisados…

Humberto Seijas Pittaluga

Un vampiro al desnudo

A muchos les parecerá que hoy estoy tocando un tema local, o regional cuando mucho; pero no es así, es de interés nacional por lo que informaré más adelante. Hoy, como el título ya lo sugiere, vamos a conversar del Drácula de a locha que desmanda en Carabobo sin que el grueso de la población reclame de manera recia sus desafueros y malaventuras. Se puede decir que la relevancia del tipo está alta por falta de una oposición seria, unida que muestre que va desnudo.

Humberto Seijas Pittaluga

Julián Marías up to date

Desde los remotos tiempos en que descubrí su Historia de la Filosofía, este español ha sido mi filósofo preferido en castellano. Antes, como todos los de mi edad, había estudiado por las Lecciones preliminares de filosofía de García Morente. Pero, como el título de este libro lo indica, no pasaba de ser una introducción a la asignatura. El de Marías, en cambio, es un avance sistemático hacia el discernimiento metafísico. Tanto que, a pesar de haber sido publicado originalmente en 1941, mantiene su vigencia y sigue siendo el favorito de quienes quieren incursionar en esa materia. Don Julián fue un ensayista y articulista prolífico y siempre brillante. Yo no pelaba la lectura de sus columnas en el madrileño ABC hasta el momento de su fallecimiento, en el 2005. Hasta después de muerto apareció un libro suyo: hace pocos años, su hijo Javier sacó a la luz unos ensayos escritos en 1980: La Guerra Civil, ¿cómo pudo ocurrir? Lo que pretendo hoy, después de este largo introito es glosar algunas de las cosas dichas allí y compararlas con el estado actual de cosas en Venezuela.

Humberto Seijas Pittaluga

Cuando suene la trompeta

Una de las partes de la Misa de Réquiem de Mozart que con más placer escucho es la conocida como Tuba mirum. No solo por lo hermoso de la música sino porque su letra —que comienza cantando un barítono y termina una soprano— es una reafirmación de que todos los pecados y delitos tendrán su justo castigo. Puesto en criollo macizo: que a cada cochino le llega su sábado.

Humberto Seijas Pittaluga

¿Xenofobia?

Noticias recientes en la prensa, la televisión y los medios sociales nos informan de las dificultades, desprecios y abusos que sufren algunos paisanos nuestros que han debido abandonar el nativo suelo en búsqueda de un lugar en el mundo en el cual sea menos traumática la existencia y se tenga más posibilidades de proveer de alimentos a sus familias. Añaden más las noticias: que esas acciones infames provienen tanto de particulares como de agentes de la autoridad. Y la queja se vuelve más amarga cuando leemos que tales maltratos se originan en países que, hasta hace poco, nos enviaban sus menesterosos para que se establecieran entre nosotros y pudieran prosperar lo suficiente para vivir dignamente y poder remitir algo de dinero a los parientes que dejaron atrás.

Humberto Seijas Pittaluga

En contra de las alcabalas

Quienes me leyeron la semana pasada saben que estuve en Colombia recientemente visitando amigos y familiares que tenía mucho tiempo sin ver por culpa, precisamente, de alguien que debiera facilitar las relaciones bilaterales: el mofletudo nortesantandereano que se inventó una guerra contra sus paisanos para mantener distraídos a los más sencillos de mente.

Humberto Seijas Pittaluga

Crónica de viaje

La primera vez que hice la carretera Cúcuta-Bogotá fue en 1968, para reunirme con familiares y estar presente durante la visita del papa Paulo VI a la capital colombiana. Para mí, que había hecho en once horas el trayecto entre Caracas y San Antonio, me era difícil entender que para la siguiente etapa se precisasen quince horas o más, siendo que la distancia a recorrer era doscientos kilómetros menor. Lo que condicionaba eran tanto la escarpada orografía, como que, en ese tiempo, el asfalto se terminaba a los 75 kilómetros de arrancar, después de Pamplona, y solo volvía a aparecer ya llegando a Tunja, a una hora apenas del fin del viaje. De resto, ¡trague tierra! Ahora, tomé la misma ruta —que no la misma carretera— para pasar unos días con parientes y amigos en Chinácota, un pueblito antes de Pamplona.

Humberto Seijas Pittaluga

Evacuo preguntas

La gramática y la etimología son materias que me gustan mucho, las asumo con entusiasmo y hasta coleccionista de palabras soy; pero en la mayoría de las ocasiones, me refreno para escribir acerca de ellas porque estoy claro en que no a todo el mundo le llaman la atención. Sin embargo, esta semana, los correos recibidos en relación con mis más recientes artículos fueron abundantes en preguntas sobre esos asuntos. Por tanto, ¡vuelve la burra al trigo!, como diría un paleto andaluz.

Humberto Seijas Pittaluga

¿Perdón sin arrepentimiento?

Ya empleé este título en un artículo anterior. Fue hace unos veinticinco años, cuando apenas liberado (y antes de enchufarse en el gobierno del doctor Caldera), el teniente coronel Francisco Arias Cárdenas declaró que no se arrepentía de los muertos del cuatro de febrero. Y lo declaró tres veces en menos de cuarenta y ocho horas; primero en Caracas, luego en Valencia y después en Maracaibo. Yo comentaba que uno pudiera entender que —después de escuchar a tantos zalameros susurrándole aquello de la "cárcel de la dignidad"— Arias mostrase cierta renuencia a negar que el cuartelazo del 4-F había sido moralmente torpe. Pero que era inadmisible que no le doliesen los asesinatos de ese día, todos como resultado de su intentona. Porque él había estudiado en el seminario varios años antes de ingresar en la Academia Militar, y debía acordarse de algo que aprendió en aquel semillero: que de nada valía confesar las faltas cometidas si no había arrepentimiento; ya que el verdadero perdón sólo se logra por la contrición. Esta, desde los lejanos tiempos del Concilio de Trento, se define como "un dolor del alma y una detestación del pecado cometido con la resolución de no volver a pecar".

Humberto Seijas Pittaluga

Cuando los cubanos eran malos…

Recientemente el Frente Institucional Militar (FIM) emitió un comunicado —soy uno de los firmantes— en el cual se le solicitó a la Asamblea Nacional que “declare como acto de soberanía la ruptura de relaciones diplomáticas con la dictadura cubana”. Además, que se exigiese la retirada de los miembros de las fuerzas armadas cubanas que, en nuestro país, y con el beneplácito de los jerarcas del régimen, “ocupan posiciones en las diferentes áreas estratégicas”, así como el cese del envío a esa isla de ingentes recursos y dineros que son requeridos por los venezolanos. Porque esa “ayuda material está desangrando al país”.

Humberto Seijas Pittaluga

Norma loquendi

No, hoy no vamos a hablar de una señora sino del lenguaje. Sí, ya sé; el título se presta a equívocos. Lo que pasa es que recibí tanto feedback por mi anterior artículo, con lectores sugiriendo que siga en la vena de tratar de corregir los muchos errores que cometen los de la nomenklatura al hablar, que decidí olvidar aquello de “segundas partes nunca han sido buenas” y reincido en los temas de la gramática y la etimología. Pero primero, aclaremos lo del título que se presta a confusiones: Horacio, en Ars Poetica, explica que el modo correcto de hablar y pronunciar un idioma lo establece la costumbre de cada nación; Consuetudo, ius et norma loquendi, en sus propias palabras. O sea, que así rabien mucho los señores de la Real Academia (personas a quienes respeto muchísimo), es muy correcto que nosotros llamemos “cambur” —y los canarios, “plátano”— al fruto de la musásea que sus señorías denominan “banana”.

Humberto Seijas Pittaluga

Gramatiqueando

La semana pasada circuló por las redes un meme que decía (si disculpan la palabrota, que es del autor del mensaje): “este país es tan de pinga que no dan clases en todo un año y te gradúan de bachiller”.

Humberto Seijas Pittaluga

Tenemos que repensar el Estado

Los figurones del régimen siguen empeñados en tratar de convencernos a los venezolanos de que la tremenda crisis que sufrimos es culpa de una fulana “guerra económica”.

Humberto Seijas Pittaluga

La rebatiña de los ascensos

En el mismo comienzo de la Aída de Verdi, cuando Ranfis le dice a Radamés que ya se ha escogido il condottier supremo que ha de combatir a los etíopes, este exclama: “Oh, lui felice!” y más adelante canta “Si quel guerrier io fossi”. Porque el anhelo de todo militar es llegar a los estratos más altos de la profesión. Pero, también, y, por tanto, no todos pueden acceder a ellos. Desde los remotos tiempos de los faraones, y a lo largo de toda la historia, en todas las latitudes y épocas, siempre se ha entendido que los ascensos son un premio a los méritos y a la virtud. Menos en la Venezuela de estos tiempos.

Humberto Seijas Pittaluga

Si tuviesen un ápice de decencia…

… debieran haber renunciado hace aaaños. Pero ahora, luego del contundente informe presentado por la doctora Bachelet, Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, esas renuncias son imperativas, ineludibles, imperiosas. Ya no es debido a cuestiones de moralidad (que no la tienen) sino a que las pruebas irrefutables que aparecen en el cuerpo del informe confirman lo que era un secreto a voces mundial: que además de irresponsables, ineptos y ladronazos, son la mar de asesinos y torturadores.

Humberto Seijas Pittaluga

Échale guindas al pavo…

Las primeras veces que escuché esa vieja copla española fue en la casa de mi abuela, en Tiara, sonando en una vitrola (para las generaciones más jóvenes que no la conocieron: era un tocadiscos, no eléctrico, actuado por una manivela, que hacía sonar discos de baquelita de 78 r.p.m.). Creo que quien la cantaba era Imperio Argentina. En esos tiempos, probablemente Lola Flores ya había nacido, pero todavía usaba pañales.

Humberto Seijas Pittaluga

Anomia, barbarie

La semana pasada, la mayoría de los venezolanos fuimos sorprendidos —y todavía estamos asqueados— por las terribles escenas que circularon profusamente por los medios sociales en las cuales unos facinerosos decapitaban, mientras todavía respiraba, a un desafortunado que sufrió la calamidad de ser capturado por ellos en la zona fronteriza del Táchira.

Humberto Seijas Pittaluga

¿Cuándo empezó esto a fuñirse con jota?

Trato de que mis escritos estén libres de obscenidades y ordinarieces. No porque me las eche de pacato; ni mucho menos. Soy de los que reconozco que, a veces, un ajo está bien merecido, que hace falta en razón de la dinámica al hablar, del mero gusto de echarlo y hasta de la justicia. Pero en los escritos, pocón-pocón. Debe ser que en mis comienzos como articulista, en 1986, la redacción de El Carabobeño no dejaba pasar una sola. Pero hoy me toca incurrir en una palabrota; aparece en el texto de un artículo que me gustó y, por eso, intento glosarlo hoy: “Argentina empezó a joderse el 4 de junio de 1943 a las diez de la mañana”. Salió en negro sobre blanco en La Nación de Buenos Aires, nada menos; dicho por un filósofo de nota, sociólogo muy destacado, y uno de los intelectuales más grandes que ha parido Argentina: Juan José Sebreli.

Humberto Seijas Pittaluga

Escrito el dos de junio

En ese día los italianos celebran su día nacional; es el aniversario del referendo que aprobó la abolición de la monarquía y la creación de la república actual. Sucedió en 1946, finalizada la Segunda Guerra Mundial y habiendo acabado la visión totalitaria del Estado que preconizaban Mussolini y sus fascistas. Traigo el tema porque quiero tocar varios aspectos de ese hecho histórico ya que la circunstancia venezolana se está pareciendo mucho a esa época.

Humberto Seijas Pittaluga

Crónica de una cola gasolinera

Cuando llegué, el final de la columna de vehículos estaba en un sitio de Valencia que se conoce como el Triángulo de las Bermudas —porque, en días normales, los carros no se paran ahí sino que se desaparecen en alguno de los tres moteles que hay en la zona y que son de esos que cobran por horas, no por noche.

Humberto Seijas Pittaluga

El gobierno de los animales

Hablando en días pasados con otros carcamales de más o menos mi misma edad surgió el recuerdo de Benito Quirós, un cantante popular de una voz impresionante que cantaba joropos, fulías, golpes y, especialmente, galerones. Comenzó itinerante, presentándose en cuanta fiesta patronal, Cruz de Mayo o parranda lo invitaran. Después, alcanzó a grabar discos y a aparecer en programas famosos de televisión, como los de Víctor Saume y Renny Ottolina. Llegó a ser conocido como “El rey del galerón”. Lo primero que viene a la mente de mis contemporáneos es aquello de: “Soy un pobre chofer que te ha querido / con toda le extensión de su cariño, / y hoy me encuentro llorando como un niño / en medio del camino, embarrancado…”

Humberto Seijas Pittaluga

Acerca de las elecciones

Durante la semana reciente, una declaración de Stalin González levantó un tierrero en el país. La forma como la hizo dio pie para que un gentío supusiera que estaba socavando la ruta señalada por Guaidó para llevar a Venezuela hacia una democracia verdadera, la cual es: cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres. Y, lo que fue peor, la gente empezó a barruntar que otro líder de la oposición estaba jugando cuadro cerrado con el régimen para ayudarlo a prolongarse en el poder.

Humberto Seijas Pittaluga

Vuelvo y repito…

Sigo con lo mismo de la semana pasada: este es un Estado fallido. Y, lamentablemente, los venezolanos tenemos demostraciones abundantísimas de este aserto.


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