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Opinión

Columnistas
Heisy Mejías

Un país para los jóvenes

El panorama es bastante distópico si se quiere hablar en estos momentos de oportunidades para nosotros los jóvenes. Esto no aplica únicamente para Venezuela, el mundo per se está atravesando unas dinámicas bastante complejas en tanto se evidencia la exponencial dificultad para lograr la auto realización. Como jóvenes, crearse a sí mismo en tanto individuo libre, es decir, corresponsable con el sistema-mundo en relación al proyecto individual de vida es por poco, tarea cuasi imposible. Es probable que ésta sea una de las razones por las cuales, nuestras generaciones tienden a tener menos hijos que las anteriores; la desesperanza está a la orden del día.

Heisy Mejías

Ahora es mentira la verdad

Saber y no saber, hallarse consciente de lo que es realmente verdad mientras se dicen mentiras /…/ Ésta era la más refinada sutileza del sistema: inducir conscientemente a la inconsciencia”. George Orwell Si algo nos ha trastocado como venezolanos, es la carencia de certeza a la que hemos estado sometidos durante tanto tiempo. Incluso, a estas alturas, determinar en qué momento comenzaron las mentiras es imposible ¿Fue Chávez el primero que mintió o ya habíamos estado acostumbrados como sociedad, a los constantes engaños de nuestros gobernantes? ¿Chávez no mintió pero Maduro si, como argumentan los del chavismo crítico? O ¿La oposición es tan mentirosa como el chavismo y por lo tanto tenemos 20 años de embustes que han traído como consecuencia, la perpetuación del régimen en el poder y el enriquecimiento ilícito de ambos bandos políticos? En fin, qué pasó con nuestros criterios para determinar qué es mentira y qué es verdad.

Heisy Mejías

Pesadillas en revolución

Un familiar estaba allí recluido. No había atención médica en ningún lado y al parecer, estaban atendiendo. Afuera la luz era pobre, ya había oscurecido.

Heisy Mejías

Gobernar con miedo

Cuesta pensar sobre la posibilidad de que un sistema de gobierno se sustente en el miedo, pero eventualmente, pasa así. Existen gobiernos que en vez de pretender ser amados, buscan ser temidos y aquí se sigue la máxima maquiavelista "/.../es mucho más seguro ser temido que amado". De ser así, se infiere que aquello que se busca es mantenerse en el poder, aunque ello implique sacar lo más oscuro de nuestros seres.

Heisy Mejías

La guerra continúa

Quedan cortos Florentino y el Diablo con su contrapunteo cuando se comparan con el toma y dame de Caputelos y Montescos. Como toda guerra, la inmediatez impera, qué hace uno para responder el otro y así van, en una reducción al absurdo, en un continuo vaivén de sandeces sin que se vislumbre algún final.

Heisy Mejías

La mendicidad colectiva

Las condiciones socio-económicas del país son indudablemente caóticas. La Venezuela de hoy, no es la de ayer ni antier, cuando menos, la de hace un año o hace cinco. Pareciera ser que nos movemos a un ritmo excesivamente rápido en esta caída libre a la que somos sometidos, situación que nubla la vista ante cualquier vestigio de certeza ¿Cómo hablar de economía cuando incluso, la cifra de la inflación interanual de 1.299.724% es incomprensible? ¿Cómo es que llegamos a este nivel de incertidumbre en el que no es posible explicar de qué manera se está moviendo o manejando la economía de nuestro país?

Heisy Mejías

Los pequeños monstruos del chavismo II

(A propósito del fascismo social y la Misión Vivienda) Hace más de un año leí un artículo titulado “Los pequeños monstruos del chavismo” escrito por Aquarela Padilla. Tomo prestado su título para escribir mi texto, pues quisiera advertir sobre el avance de otros pequeños monstruos que van creciendo con el amparo de la denominada Revolución Bolivariana. Hablo específicamente de esos sujetos que creen poseer para sí una especie de mandato divino; como si en ellos descansara el sentido último de la justicia.

Heisy Mejías

Huí por mi futuro

Al principio me resistía. Sabía que todo iba empeorando paulatinamente pero algo me decía que aun se podía, que pronto saldríamos de ese atolladero. Así pasaron tres años hasta que la cosa ya estaba fea; en Venezuela no se podía comer, vestir, calzar ni vivir. La razón por la cual huí fue el hecho de que a mi hija la hicieran colorear a un Chávez como personaje histórico en el colegio y al reclamar me dijeran: “mientras estudie en un colegio público seguirá pintando al comandante Chávez”.


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