end header begin content

Opinión

Columnistas

¿Imperturbable terquedad?

Aunque suele ser por ratos, luce extrañamente contrariado comprender la ofuscación de quienes gobiernan Venezuela que sabiéndose perdidos o acorralados, se empeñan en continuar girando órdenes en la dirección de imponer su fracasada revolución bolivariana. Mas luego de tanto tiempo, vivir tan gruesa incoherencia, dicha preocupación se volvió reincidente. O sea, se cundió del mismo problema que genera el hecho de padecer la reincidencia acumulativa orgánica de alguna molestia.

“El último después del último”

Toda gestión, sea empresarial privada o pública, debe ser objeto de medición. Un tanto para estimar sus resultados de cara a los objetivos trazados en un principio. Asimismo, ha de suceder con una gestión de gobierno. Sobre todo, porque la necesidad de tener pleno conocimiento del alcance de las capacidades en curso, al igual que dar cuenta del hecho administrativo y los procesos que comprometen recursos financieros, económicos y organizacionales, es ineludible. De esa forma, es posible asegurar la continuidad del desempeño. Así como garantizar y justificar las erogaciones, adquisiciones y contrataciones que habrán de asentir y afianzar la gestión de gobierno. Habida cuenta que su incidencia, tanto política como social y económica en el ámbito de la institucionalidad, configura y califica su incidencia y presencia en el abanico administrativo-gubernamental.

La banalización de la política (roja)

El problema de ver en la política un ejercicio de emociones y pasiones no es equivocado pues tampoco está apartado de la realidad. Aunque tan cruda concepción no devino en lo que actualmente pasa por el hecho de reconocer en la política aquella suerte de consideraciones que obligan al hombre, en su contexto social y económico, a relacionarse con otros. Indistintamente de los intereses y necesidades que lo mueven.

La jugada (política) que no funcionó…

Tuvieron razón quienes fustigaron la política cuando demostraron la futilidad que, casi siempre, acompaña sus ejecutorias. Sobre todo, en momentos en que sus operadores presumen de la fuerza de su gestión para rebasar las discreciones propias de las formalidades que se configuran bajo la praxis de la economía y del devenir del desarrollo social y cultural. Incluso, muchas veces, las pachotadas de individuos de tan reducida condición política, imponen sus intereses. Aunque algunas veces, a través de negociaciones, que bajo conveniencia forzada, imperan en contextos donde la palabra poco o nada se acata y respeta. Particularmente, cuando las mismas se trazan en terrenos de poder político donde se acostumbra a conceder espacio a la violencia. Ya sea por la fuerza, la amenaza o por la siembra del miedo.

El luto se tornó tricolor

La profunda confusión que se ha instalado en Venezuela estos últimos años responde a distintas causas. Causas éstas no sólo de razón política. También de naturaleza económica, social, moral y cultural. Inclusive, de acepción ética. Todas ellas reflejan anomia que, por estos tiempos, tiene secuestrada a la nación. Ésta no es fortuita. Podría decirse, que fue promulgada por el Estado en atención al desorden gubernamental que se fraguó como resultado del desbocamiento de contradicciones, desarreglos y desacato de preceptos trazados constitucionalmente.

¿Basura ideológica o estafa política?

Todo se transformó. Todo fue alterado bajo la premisa (cívico-militar) del “desarreglo organizado”. Todo fue descompuesto de forma intensa y rápida. La Venezuela de finales del siglo XX, había fenecido. Su ahogo fue el resultado de la aplicación de un proyecto ideológico-político canalizado por una élite militar indecente, sórdida y nefasta. Aunque la eficacia propia de resentidos, indolentes y vengativos, no desdeñó en ningún momento el trazado estratégico del proyecto en cuestión.

En la dimensión desconocida

Por donde se vea Venezuela, la crisis la cubre por cualquier lado. Quizás, la forma más inmediata de comprender la dimensión de su problema, es reconociendo la tozudez de quienes la han gobernado. No sólo en lo que va de siglo XXI. Incluso, desde que intentó independizarse del Imperio Español. O sea, desde el mismo 19 de abril de 1810. Más aún, desde el 5 de Julio de 1811.

¿Dónde quedaron mis derechos?

El desorden nacional al que se ha llegado, luego de veinte años de presunta revolución bolivariana, es inaudito. Insólito. Ahora, el régimen enterrado bajo su propio peso, busca disculparse asomando excusas que no terminan de calzar con el tamaño de atrocidades que la indolencia gubernamental, permitió gracias a la impunidad que recrudeció a expensas de su complacencia.

Al margen de la historia

La historia siempre ha padecido de la disyuntiva entre lo que se cuenta y lo que se escribe. Pero cuando se trata de hechos que superan varias generaciones, la realidad es otra. La historia se convierte en instrumento cultural mediante el cual el hombre adquiere la capacidad política para volcarla en letras. De esa manera, funge como razón de conciencia de las libertades y los derechos. Sin embargo, por otra parte, la situación es distinta. De este otro lado, las circunstancias se dedican a esperar que se desarrollen los hechos para así hacerlos congruente con la narrativa de la que se vale la dinámica social, al fundamentar la palabra traducida en audición.

¿Quiénes traicionan (a la patria)?

En Venezuela, desde hace poco tiempo, sumaron el delito de “traición a la patria” al compendio normativo-institucional. Fue una decisión que se hizo acompañar de un legajo de ridículas conjeturas dirigidas a sancionar aludidas “agresiones de odio”. Sin embargo, a este respecto valen algunas consideraciones. No sólo el concepto de “traición” tiene una ascendencia o procedencia, que traspasa límites políticos, sociales y culturales. Sino que su concepción se hunde en el lodazal del infundio, la impudicia y la desfachatez. Pero también, el concepto de “odio” es de difícil comprensión toda vez que trasciende los áridos campos donde se cultiva el envilecimiento en conjunto con la ausencia de inteligencia.

¿Cómo destruir una Nación?

La vida, en cualquiera de sus manifestaciones, recomienda manejarse con alguna metodología que bien conduzca la realización de los procesos que habrán de determinar a cabalidad de lo emprendido. Así es en todo. Las ciencias exactas, tanto como las ciencias blandas, igual lo instan. Sobre todo, al momento de demostrar una hipótesis en cualquier contexto donde la misma tenga cabida.

¿Sometido por el miedo?

Hoy día, el venezolano no es el mismo individuo apacible, amable y bonachón de hace algunos años. La dinámica de vida que viene dándose en el país, lo ha llevado a comportarse de forma diferente. Los desvelos y revuelos del agitado y convulsionado presente, originados en el furibundo trajín de una política emprendida a empellones, lo enfermaron. Su enfermedad no es orgánica. Pero si afecta su hospitalidad y solidaridad pues los aires que se respiran en el país, son obscuros, desquiciantes y degenerativos fundamentalmente en lo moral, ético y cultural. Desde luego, en lo político, lo económico y en lo social.

Voto de confianza

La confianza es el ámbito imperceptible sobre el cual fragua toda posibilidad de logro al momento de blandirse toda acción en medio del azaroso juego que sostiene con la incertidumbre. Por eso la confianza, se comprende desde la perspectiva que mejor resulte frente a todo valor que exalte la capacidad del hombre para adelantarse con la mayor seguridad a todo acontecimiento que pueda desafiarlo o conminarlo.

El otro lado del liderazgo

No todos los caminos conducen a destinos felices. Hay unos más escarpados que otros. El ser humano ha buscado las respuestas y soluciones que sus problemas han requerido. Problemas donde entra en juego todo lo que explica: cómo se organiza la vida. Su tiempo y espacio. Estas ideas han acompañado al hombre desde que comprendió que su desarrollo personal se vería sujeto a circunstancias ante las cuales poco o ningún control podría tener. Así comenzó a pensarse en el arte del liderazgo.

El fracaso como ejercicio de gobierno

La historia política no siempre termina transluciendo “felicidad”. Generalmente, su contenido revela cuadros de difícil condensación y comprensión. Más por aquello de que las lecciones de la historia no se aprovechan. Por tanto, la historia tiende a repetirse. Pero en perjuicio de quienes la desconocen. Por eso, muchos la inventan para adecuarla a motivaciones elaboradas para manipular el discurrir a instancia de pervertidos y retorcidos intereses. Para decirlo a la manera de Aldous Huxley, novelista inglés, “quizá la más grande lección de la historia, es que nadie aprendió las lecciones de la historia”.

Un país donde no se crece

La psicología del perdedor pareciera ocupar buena parte del Manual del Populismo que obedientemente practican quienes, desde las alturas del actual gobierno nacional, buscan amansar las actitudes que las libertades y los derechos humanos saben infundir en el pensamiento de venezolanos de conciencia democrática. Venezolanos cuya rebeldía suscribe su dignidad. Y aún cuando la resistencia que anima el hecho triste de sentirse ahogado en medio del lastre que despide el barco-país cuyo rumbo va en dirección opuesta al que señala la bitácora del desarrollo económico y social es de férrea consistencia, suele verse una población magullada por los efectos de tanto vapuleo, maltrato y humillación infringida en nombre de un socialismo que dividió, empobreció y trastornó a Venezuela a su máxima expresión.

¿Un problema de “sobrevivencia”?

La diáspora o éxodo ocasionado por el desastre que transformó a Venezuela en una ruina de país, o en un país arruinado, no sólo determinó agudos problemas para países cuyos predios ha sido refugio y lugar de advenimiento para tantos venezolanos. Sino que además, despojó a Venezuela de la dinámica de vida que siempre le ha conferido su gente.

¿Dónde quedó la Justicia?

La inmediatez sobre la cual el régimen político venezolano busca pivotar sus medidas, hace que buena parte de las decisiones gubernamentales terminen siendo un escaso llamado de atención alrededor de algunos problemas considerados focales o llamados problemas terminales del sistema social. Estas situaciones no sólo hacen dudar de la capacidad del gobernante. Si no también, del modo como son concebidos o entendidos los principios a los que se acoge tanto el proyecto de gobierno, como la gobernabilidad del sistema político.

¿Por dónde nace el sol?

La astronomía bien explica que el sol nace por el este. Aunque en la antigüedad, tal fenómeno buscaba entenderse a partir de la intervención de algún dios. Entonces se hablaba de Apolo, entre otros, quien con su carro, tirado por briosos caballos, hacía que el sol saliera cada mañana. Pero en política, no siempre puede aseverarse lo mismo por cuanto las realidades políticas no se supeditan a inevitables ciclos marcados por el paso del tiempo.

¿Truco de impúdico final?

Hay realidades que tergiversan el concepto de “política”. Pero también hay personas cuyo conocimiento de “política” es tan ínfimo, que roza con lo vulgar. Sin embargo, muchos son atrevidos al hacer consideraciones de esta calaña que ignoran lo que en verdad contiene el significado de “política”. Si bien este problema, tiene al país en ascuas, es imposible eludir la cruda situación por la que atraviesa Venezuela no sólo por estos tiempos. Las dificultades que derivan de tan lamentable proceder, vienen del siglo pasado. Incluso, del decimonónico. Solamente que, con los años, se intensificó. Sobre todo, ayudada por presunciones, suposiciones, equivocadas decisiones y la terrible manía de hacer conjeturas sin prueba alguna.

“Yo no fui, fue Teté”

Ciertamente, el autoritarismo busca enredar toda situación donde las variables intervinientes, factores participantes y elementos contribuyentes, asumen una cuota de compromiso. Pero que luego se transforma en conflicto. Sin embargo, la resultante de dicha situación, por demás escabrosa y hasta de nocivo alcance, busca acusar a todo aquel que haya podido asomarse al borde o más allá del límite que distancia un problema de otro. Indistintamente, de haber sido de mayor, igual o menor envergadura. Es precisamente este tipo de problemas lo que interesa al régimen autoritario que sin escrúpulo alguno, se atreve a actuar desprovisto de alguna mínima vergüenza que le permita llevar a cabo su papel político de gobierno algo más comedido o equilibrado. Pero así no procede. Su torcida naturaleza política, rechaza toda intención de una actuación ecuánime que regule cualquier realidad que pueda sobrepasar sus propias barreras.

La gasolina del “diablo”

Aunque sobran razones que consideran la simplicidad como la base sobre la cual se sustenta la vida del hombre, las realidades muestran otra cosa. Es de reconocer que esto así sucede. Más, cuando los criterios que las generalidades argumentan como propios -dada sus justificaciones para desentrañar los enredos y embrollos que, en la superficialidad, opacan los procederes políticos, sociales y económicos más cotidianos- caracterizan la educación cartesiana impuesta por el carácter binario al cual responde el desarrollo tecnológico. Especialmente, desde el mismo momento que le brinda satisfacciones y facilidades al ser humano en su diario desenvolvimiento.

El escabroso juego de la política (roja)

El sólo hecho de ser la política el agregado de intereses y necesidades cuyo cimiento lo constituye la pluralidad humana, da cuenta de la inminencia que vive el hombre en aras de organizarse a los fines de situarse en un espacio que bien pueda garantizarle el acceso al bienestar que persigue a instancia del proyecto de vida que se ha trazado.

Método fácil para acabar un país

La vida en cualquiera de sus manifestaciones, recomienda manejarse con alguna metodología que bien conduzca la realización de los procesos que habrán de determinar el término a cabalidad de lo emprendido. Así es en todo. Las ciencias exactas, tanto como las ciencias blandas, igual lo instan. Sobre todo, al momento de demostrar una hipótesis en cualquier contexto donde la misma tenga cabida.

Vividores del pueblo

Desde que las circunstancias se han prestado para forjar hechos fraguados de determinaciones cargadas del más visceral odio contra estamentos democráticos que una vez configuraron episodios de valor político y alcance moralizador, las tendencias dispusieron tiempos de indefiniciones e imprecisiones que fueron aprovechados para sembrar el terror del cual necesitó alimentarse la mal llamada “revolución bolivariana”.


Twitter Auto Publish Powered By : XYZScripts.com