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opinión

Leocenis García

La gran transición con el chavismo y la oposición democrática

2 abril, 2019

Cada vez son más lo que se unen contra el régimen de Maduro. Ya no es una cosa exclusiva de El Cafetal, Altamira , Las Mercedes y la siempre combativa clase media. No es el eterno quejido de Colomina, Marianella Salazar o Alberto Franceschi. No.

Las posiciones de Luisa Ortega Diaz, Fiscal General de la República, al cuestionar la ilegítima Asamblea Nacional Constituyente; cuya convocatoria se hizo sin consultar al pueblo que decía o pretendía representar, iniciaron la crisis de legitimidad democrática de Maduro.

Los nombres que se han sumado son diversos: Rodrìguez Torres, Hugo Carvajal, Clñiver Alcala, María Gabriela Ramírez, Jorge Giordani, Héctor Navarro, entre una larga lista. Incluyendo gente que se había alzado a tiempo contra el para-Estado que el socialismo fue montando. El caso del General en Jefe, Raúl Isaías Baduel, es un ejemplo.

También hay observadores prudentes, pero respetados como el General Alberto José Gutiérrez que movió el tanquero Pilín León durante el paro petrolero. O voces con una altísima autoridad política como Gastón Guisandes.

Es con ellos, conjuntamente con gente como el actual jefe del parlamento, Juan Guaidó; el lider de la oposición socialdemócrata, Leopoldo López; y los liberales que pedimos un viraje del modelo como la transición se dará de la dictadura a la democracia. Ese proyecto es sencillo y menos traumático que lo que hoy se intenta.

Solo una junta que represente a todos permitirá que nuestros hermanos de la FANB ayuden a salir de la dictadura.

¿Por qué vivimos una dictadura?

Dictadura para mí significa perder la libertad. Y el primer paso para confiscar todas las manifestaciones de libertad es cuando el Estado o el Gobierno te quitan las libertades económicas. Así pasas de ser ciudadano, independiente, con derechos y deberes, a un súbdito, dependiente del amo de turno.

Desde ese punto de vista, Venezuela es una dictadura populista. Es un país que lo convirtieron en un vertedero de basura, con gente harapienta hurgando en la basura, esperando que alguien desde el Gobierno lance la bolsa de turno, para saciar aunque sea algunas horas, el hambre que el propio gobierno ha creado con sus medidas económicas de control.

En Venezuela hay control de cambio de divisas, de precios, de absolutamente todo. Y, eso no es falta de Gobierno es exceso de Gobierno, que ha traspasado su verdadero y único ámbito. La receta comunista ha sido aplicada fielmente, y tal como sucedió en la Unión Soviética, la gente huye, porque aún no hay muro de Berlín, aunque ocasionalmente han cerrado la frontera.

La muestra que este ya no es un país, sino una aldea manejada por unos chamanes, unos gitanos vendedores de suerte, es que, aproximadamente 3 millones de jóvenes han salido del país, eso equivale al 10 % de la población. Pero, no cualquier población. Son los jóvenes. Es decir, este es de facto, un país quebrado, y sin futuro, porque el futuro compró un boleto y se fue a Chile, EEUU, Mexico, países con algo , o bastante libertad económica.

Los jóvenes no pueden trabajar y vivir del crédito, como podrían hacerlo en cualquier país donde funcione el libre mercado. Si un joven quiere tener apartamento y carro en Venezuela, ni trabajando toda la vida lo lograría, porque la moneda de curso, el bolívar, ha perdido toda capacidad de compra, producto de la inflación que llega a 17 mil por ciento, según el FMI. Es decir, la única forma de vivir en Venezuela, con cierta comodidad, es metiéndose al narcotrafico o el robo de las arcas públicas, un oficio, en el que parece estar parte de la cúpula socialista que nos gobierna.

La Junta de Transición debe abocarse sólo al tema económico y deberá dejar parte del poder militar a mucha gente que está aún en el actual alto mando militar. Eso más o menos así, con sus matices se hizo en Polonia.

Así se garantizaría el orden y la paz, para poner orden a una economía estatizada, que tiene como propósito multiplicar el número de pobres.

Así como el capitalismo no puede existir sin empresarios, sin libre comercio, sin ganancia, y riesgo de capital; así mismo, el populismo no funciona sin los pobres, tiene que fabricarlos, y después mantenerlos ahí, subsidiando su hambre.

Los propios militares chavistas serían la mano que contribuiría a respaldar las medias de la Junta, para acabar el principal problema del país: La inflación.

El beneficiario de la inflación en Venezuela es el gobierno, que tiene el monopolio de los dólares. El gobierno imprime dinero, para mantener su gasto, y sus redes clientelares populistas. Y mientras esa masa monetarias crece, persiguiendo una cada vez más limitada oferta de bienes y servicios, producto de los controles de precios y de divisas, todo cuesta más caro. Pero el gobierno es el principal manipulador de ese dinero, basura. Lo usa para pagar sueldos, burocracia, redes gubernamentales, para dar subsidios para una crisis que ellos mismos crean.

Hay que seguir la presión de calle para lograr este consenso. Y la comunidad internacional debe ayudarnos a lograr este gran acuerdo.

Hace un tiempo conversando con el Jefe de Asuntos Políticos de la embajada de EE.UU. en Venezuela, Willard Smith (que lamentablemente sustituyeron) le dije que sin un pacto con el chavismo democrático no habría cambio.

Necesitamos nos ayuden con esto. Y confío principalmente en EE.UU.

El hambre impuesta por las medidas económicas de los gobiernos atentan contra el derecho a la vida, y éste, es un derecho humano universal. Es decir, es un derecho que debe ser defendido y asistido por la humanidad, en consecuencia, no se puede ser un observador pasivo, amparado en esa justificación inmoral, de la soberanía. Eso no existe en una época de la globalización, de las redes sociales. A ese concepto solo recurren quienes quieren ocultar desde los gobiernos los crímenes que cometen contra civiles.



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