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opinión

Mario Valdez

El caso Lovera, “fue un terrorismo de Estado”

26 octubre, 2018

El “Cojo” Lovera y la crepuscular bahía de Juan Griego

El 8 de agosto de 1923, en la calle “Los muertos” del pueblo de pescadores de la bahía de Juan Griego en la Isla de Margarita estado Nueva Esparta, nace Alberto Lovera, hijo natural de Santa Lovera, según Faustino Rodríguez Bauza también Juangrieguero, su padre fue el maestro Rafael Valery.

Su niñez la pasó en el pueblo, en las cosas propias de los niños de su edad, baños de playa, caza, pesca y saltos de mata. Sufrió una caída de un árbol que le produjo una lesión en la pierna derecha, que lo marcó para el resto de sus días, le generó una dificultad para caminar, por ello era conocido entre sus amigos como el “E Renco o el Cojo Lovera”. La pierna le fue tratada por el médico francés Pierre Bougrat, muy famoso en Margarita, años atrás había recalado por el viejo puerto de Juan Griego, ya que se había fugado de la prisión de Cayena en la Guayana Francesa conocida como “La isla del diablo” donde purgaba cadena perpetua.

En un barco mercante nace un dirigente político

A la edad de 14 años el joven Alberto, siendo un adolescente, comienza a trabajar en un barco mercant, que lo lleva a Cabimas estado Zulia. Era la época del nacimiento del boom petrolero, muchos pescadores margariteños y hombres del campo de distintos estados del país se trasladaban al Zulia, en busca de mejoras y progresos. Lovera comienza a trabajar como obrero en los campos petroleros, se involucra en la lucha social y se gana un espacio como dirigente sindical.

A la edad de 17 años Alberto Lovera ya es un fogoso dirigente sindical, se incorpora a la Juventud del Partido Comunista.

En 1947 Alberto Lovera viaja a Polonia, ese país había quedado destruido, devastado por los estragos de la Segunda Guerra Mundial, y en Varsovia se celebraba el Congreso Mundial de la Juventud y los Estudiantes. Junto a Jerónimo Carrera, Ali Lameda y otros camaradas se incorpora a la política internacional, hace trabajo social, este esfuerzo es reconocido y lo invitan a conocer el resto de los países de Europa donde el comunismo tenía dominio.

La cárcel y el destierro

El año 1952 es electo diputado por el estado Lara. Jóvito Villalba le gana las elecciones presidenciales a Marcos Pérez Jiménez, éste le hace un fraude, se adjudica el triunfo y se instaura abiertamente la dictadura perejimenista. Villalba y todos los altos dirigentes del partido Unión Republicana Democrática (URD) son expulsados del país y otros van a las cárceles. Lovera se niega a incorporarse al Congreso de la República, y el 29 de julio de 1953 es detenido por la Seguridad Nacional (SN), en una librería que regentaba, le decomisan los libros, propaganda comunista y la imprenta. Sufre severas torturas, va a la cárcel y el 20 de julio de 1954, sale expatriado a Cúcuta, Colombia.

En la clandestinidad conoce a María del Mar Álvarez, para siempre

En 1955 Alberto Lovera sale desde Cúcuta y llega clandestino a Cabimas, y se incorpora al partido en la clandestinidad. Asiste a una reunión política en Caracas, en la casa de la camarada Ada Ramos, conoce a María del Mar Álvarez, era líder del sector femenino del partido en la clandestinidad, con quien se casaría dos años después. En 1958 nace su hijo Alberto Enrique y en 1961 nace su hija Yanira.

En 1956 Lovera se traslada a Caracas y se incorpora al regional del PCV y se convierte en un dirigente de primera línea, la casa del partido quedaba en las esquinas de Llaguno a Cuartel Viejo por donde hoy pasa la avenida Baralt.

De una fosa común en Barcelona al Cementerio General del Sur

Desde el 18 de octubre de 1965, momento de la desaparición de Alberto Lovera su esposa María del Mar Álvarez denuncia su desaparición y entra en contacto con el diputado José Vicente Rangel, quien presenta la denuncia en el Congreso Nacional. La esposa emprende una búsqueda por todos los hospitales y estaciones policiales del país, le pone atención a un comentario de un muerto que apareció en las playas de Lechería, que no tenía nombre, no estaba identificado, le decían “el ahogado”, había pasado poco tiempo todavía era un “muerto fresco”. El cadáver fue sepultado en una fosa común, sin identificación, el mismo día que las olas lo llevaron a la playa. En enero de 1966, la señora de Lovera se traslada al cementerio de Barcelona y localiza al sepulturero Francisco Rodríguez, quien le indica donde estaba enterrado “el ahogado”, ella por temor que le desaparecieran el cadáver le hizo un trabajo de cemento con una cruz de identificación.

Después de múltiples gestiones consiguen que el jueves 3 de marzo de 1966, el cadáver sea exhumado. El lunes 7 de marzo la Policía Técnica Judicial “reconoció que las huellas dactilares tomadas al cadáver eran de Lovera y la autopsia confirmó que los asesinos habían mutilado las yemas de sus dedos, habían desfigurado su rostro, molieron su dentadura y rompieron su cervical”. El 22 de marzo de 1966, ante la insistencia del diputado Rangel y las interpelaciones hechas en el Congreso Nacional, es ordenada la exhumación del cuerpo en el cementerio de Barcelona Estado Anzoátegui, María del Mar reconoce a su marido a través de la dentadura por un trabajo odontológico que se había hecho en Beijing. La viuda se opone a que entierren nuevamente el cadáver y plantea traérselo para Caracas, después de 12 horas de discusión le permitieron que trasladará los restos de Alberto Lovera a Caracas, los cuales fueron sepultados el 23 de marzo en el Cementerio General del Sur.

Cámara de Diputados y el “Expediente Negro”

El 24 de noviembre de 1966 se inicia el debate en la Cámara de Diputados para considerar “el Informe Rangel sobre la desaparición y muerte del ciudadano Alberto Lovera y así poder realizar un juicio contra los culpables”. Las proposiciones en el informe para su aprobación fueron modificadas por el diputado Carlos Andrés Pérez, el informe fue pasado a los tribunales penales para la investigación y el juicio. El expediente del caso Lovera fue manipulado, estuvo viciado desde el inicio por los fiscales, jueces y policías. Los testigos fueron coaccionados: unos desistieron de atestiguar, otros se retractaron de sus declaraciones iníciales. 15 meses después el expediente es remitido a un Tribunal Penal del Estado Anzoátegui, a cargo del juez Ismael Rodríguez, que declaró “que no había elementos suficientes para abrir un juicio”, es decir, no había responsables, ni materia sobre la cual decidir, y dejó la averiguación abierta, aplicando el artículo 75 H del derogado Código de Enjuiciamiento Criminal. El expediente fue archivado.

En agosto de 1967, el diputado José Vicente Rangel publicó el Libro “Expediente Negro”, allí narra todo lo sucedido con el dirigente político y desde el Congreso Nacional junto a la viuda de Lovera, no desmayaron “pidiendo que se imputara y se castigara a los responsables del crimen”. Todas las ventanas y los espacios de denuncia no pasaban de acciones mero declarativas, no se administró justicia.

Implicados en el asesinato

De las declaraciones de los testigos en el juicio y de la investigación hecha por el diputado Rangel y los familiares de Lovera, se determinó que en su captura y asesinato participaron y estuvieron implicados José Jesús Patiño González (director Digepol), los comisarios: Carlos Vegas Delgado alias “El Capitán” (jefe de captura Digepol), Alberto Ochoa, Roberto Romero, Miguel Aguilar, Pedro Cisneros, Carlos Ferrara, Douglas Rodríguez, Eduardo Armenteros González, Mario Segundo Leal Acuña, José Ramón Antúnez y Carlos Quintero, todos esos agentes fueron preparados por el comisario general Orlando García Vásquez, eran conocidos como ¨los muchachos de Carlos Andrés”. Estos hechos se realizaron en el gobierno del Presidente de la República Raúl Leoni, y Gonzalo Barrios era el Ministro de relaciones Interiores.

Contra el silencio y el olvido

La señora María del Mar Álvarez de Lovera y sus hijos, nunca perdieron la esperanza de hacer justicia, mantuvieron la llama encendida en todos los espacios que encontraban. Estaban conscientes que todos los que participaron en ese horrendo hecho habían fallecido, que nunca fueron presos, no se le formularon cargos, pero ellos no querían que ese crimen no quedara impune, por eso insistían que a Lovera lo había matado la Digepol y que por lo tanto, era un caso de terrorismo de Estado.

El 18 de octubre de 2011 se realizó un homenaje por cumplirse 46 años del asesinato del dirigente comunista Alberto Lovera, los familiares para esa fecha no tenían ni siquiera un acta de defunción de su ser querido, porque el Estado todavía no había reconocido que el cuerpo que apareció en la playa el 27 de octubre de 1965, era el de Alberto Lovera, el cual fue enterrado el mismo día sin cristiana sepultura.

Transcribo un extracto de las palabras de Alberto Lovera hijo, el año 2011, con motivo de la promulgación de la Ley para Sancionar los Crímenes, Desapariciones, Torturas y Otras Violaciones a los Derechos Humanos por Razones Políticas en los años 1958 a 1998 (Contra el Silencio y el Olvido), a respecto dijo, “Pedimos que se reconozca y se haga público que fue un crimen de terrorismo de Estado, ya que fue la Digepol (Dirección General de Policía) quien lo ejecutó y sus asesinos se sirvieron de los medios y recursos de la institución”.

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