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opinión

Carlota Salazar Calderón

Las caras de la transición

22 marzo, 2018

Transición es el paso de un estado a otro, de una situación a otra; en materia política se trata de cambiar un modelo político por otro. En Venezuela, la carencia de todo, desde los billetes hasta la jeringa en los hospitales produce dolor y desasosiego en la gente. Los niños recién nacidos mueren desatendidos en los hospitales, los de edad escolar la abandonan, porque hambrientos y sin útiles no pueden estudiar, motivo por el cual ha proliferado la mendicidad, tutelada por los padres, más grave aún; mientras el gobierno se ocupa de fortalecer una estructura clientelar para mantenerse en el poder. Por supuesto la gente sí sueña con un cambio, más aún, necesita un cambio político.

Las transiciones ocurren en los países de diferentes formas. En República Dominicana con la muerte del sanguinario Trujillo, Joaquín Balaguer (1961) a pesar de haber sido un incondicional funcionario, títere le llamaban, dio pasos de apertura democrática que contaron con el beneplácito de la comunidad internacional, más no, paradójicamente, de la sociedad dominicana. Eleazar López Contreras, Ministro del dictador Juan Vicente Gómez, a su muerte es ungido por el Congreso de la República como Presidente y promueve la Constitución de 1936 que contiene derechos civiles y políticos de apertura democrática. En Nicaragua Violeta Chamorro (1990), contra todo pronóstico, gana las elecciones, pero un mal gobierno produce el regreso del Frente Sandinista, con Daniel Ortega (2007); en las elecciones del 2016 el frente obtuvo, oficialmente, el 72,5%, con la sombra de denuncias de fraude por parte del Frente Amplio, que aglutina a los partidos políticos ilegalizados, que ubican la abstención en un 70% mientas que el ente electoral, controlado por el gobierno, ubica en ese mismo porcentaje: la participación, lo cual contrasta con la desolación en los centros electorales. Sin embargo, Patricio Aylwin (1990) gana las elecciones después del plebiscito que pierde Pinochet y el país no regresa a la dictadura.

No doy más ejemplos por razones de espacio, lo que quiero significar es que las transición puede tener varias caras y dependerá de la capacidad de organización y de unidad de los opositores su éxito o fracaso. En Chile la concertación se mantiene como fuerza política, debilitada pero está allí, pero en Nicaragua la oposición dividida, unos perseguidos y otros cohabitando, sin satanizar a unos u otros, porque que será objeto de mi próximo artículo, mantienen al gobierno e impiden los cambios.

Tanto la radicalización como la cohabitación tienen sus lados claros y oscuros, ventajas y desventajas, pero tiene que ser una sola posición, propuesta y estrategia.

Entonces es la acción política de alianzas, frentes, grupos… es lo que cobra importancia en estos tiempos en el país. En el marco del reconocimiento de los valores que tiene cada uno, pero que necesita el otro para conformar un todo. Ni los funcionarios “de línea dura” de Trump, ni militares, sean Rodríguez Torres o Cliver Alcalá solos, pueden hacer nada con una oposición dividida.

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@carlotasalazar



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