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opinión

Juan Páez Ávila

Diálogo sin manipulación

26 enero, 2017

En política, e incluso en guerra en cualquiera de sus modalidades: convencional o irregular, el diálogo siempre ha estado presente en momentos de las más graves crisis sociales o políticas que enfrentan a sectores con diferentes formas de pensar, con claros y mutuos intereses para buscar la solución que satisfaga a ambos contenderos. Es lo que sucede actualmente en Siria después de cinco años de guerra con centenares de muertos y destrucción de varias ciudades, que por la intervención de Rusia, Turquía y otras naciones del Medio Oriente, se han sentado a dialogar con el objetivo de ponerle fin a la guerra.

La denuncia permanente de algunos sectores minoritarios e incluso individualidades muy respetables, contra el sector mayoritario de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) porque ha participado en un diálogo promovido por Unasur y el Vaticano con representantes del gobierno, resulta una manifestación de desconfianza en la firmeza y honestidad política de quienes representan a la mayoría de la oposición, lo cual constituye un error político, porque lo que debe condenarse es la manipulación que ha hecho el gobierno para ganar tiempo y evitar la salida constitucional de Nicolás Maduro.

En política el diálogo, se establece entre factores de poder, que generalmente tienen profundas diferencias ideológicas en cuanto a la conducción del Estado, con la finalidad de normalizar la vida política, económica y social de la nación. Por eso en las conversaciones que se realizaron en Cuba entre representantes del gobierno del Presidente Juan Manuel Santos y las FARC, que tenía como objetivo buscar y encontrar la paz definitiva en el vecino país, se pudo lograr un acuerdo satisfactorio para ambos contrincantes.

En nuestro país tenemos que evitar que las manifestaciones de violencia en los barrios populares, entre bandas armadas de diferentes signos, aunque con predominio del hampa y de los paramilitares del gobierno, que amenazan a toda la población, se desborde hacia una matanza indiscriminada. Si se restablece el diálogo tendría que realizarse bajo estricta vigilancia nacional e internacional, del cumplimiento de los acuerdos y de los términos establecidos en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela.

Lo que agrava la crisis que atraviesa el país, es que el gobierno cree que tiene la verdad en sus manos, lo que lo lleva a manipular el diálogo, para tratar de continuar en el poder por tiempo indeterminado o por lo menos hasta el 2019. Los representantes de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) que tienen el respaldo del 80% o más del electorado nacional, piensan que debe aprobarse una Agenda Electoral, tal como lo establece la Constitución Bolivariana, aprobada por el chavismo en la Asamblea Nacional Constituyente de 1999, refrendada por el voto popular.

Estos hechos revelan lo complicado y difícil de creer en la voluntad del gobierno para dialogar, así el llamado provenga del propio Presidente, que trata de buscar su legitimación en el mundo económico y social, nacional e internacional, desconociendo el factor político, sin el cual no se podrá avanzar.

Por tales y muchas otras razones, para evitar males mayores resulta imprescindible, en nuestra opinión, acudir a un diálogo que garantice la realización de una Agenda Electoral y la aplicación de la justicia y no retaliación al adversario, después de las elecciones, cualquiera sea el resultado, para restablecer el Estado de Derecho. Para ello es necesario renunciar a la agresión verbal, al insulto y que el gobierna cumpla con el acuerdo anterior de la liberación de los presos políticos.



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