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opinión

algo más que un “evento”

27 agosto, 2012

“Hay golpes en la vida, tan fuertes… Yo no sé.
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma… Yo no sé”.

Los Heraldos Negros, Cesar Vallejo

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El terrible accidente ocurrido en la Refinería de Amuay que junto con Cardón y Bajo Grande componen el denominado Centro Refinador de Paraguaná (CRP), nos duele profundamente, por la cantidad de fallecidos, quemados y heridos que se derivan de una devastadora explosión y porque llevamos a la empresa muy dentro de nosotros.

En primer término, hemos pedido a todos nuestros amigos, colegas, y compañeros ponernos a la orden para colaborar en todas las opciones que sean posibles. Debemos apoyar de manera solidaria a las victimas y a sus familias. Los trabajadores, guardias nacionales y residentes de la zona que han fallecido, han sido quemados, heridos o afectados son venezolanos y la refinería, también nos pertenece, por tanto, es menester ofrecer, no solo nuestras condolencias y expresar nuestra solidaridad, debemos explícitamente colaborar en estos momentos difíciles.

Tratando de ser lo más objetivo posible, debemos decir que las operaciones en la industria petrolera, en todas sus áreas, tienen implícitas un alto riesgo y, por tanto, los accidentes son parte intrínseca del negocio. Sin embargo, por otro lado, también los rigurosos protocolos de seguridad, los estrictos programas de mantenimiento y la capacitación sistemática del personal operacional, tienen que ser parte vital en la industria, en particular en las operaciones, justamente para minimizar los riesgos y evitar accidentes.

La alta tasa de accidentes que han ocurrido en la Industria durante el lapso 2003 – 2012 contrasta, de manera evidente, con las bajas tasas de accidentes de periodo 1976 – 2002. Esta data es, sin duda, un importante elemento de juicio que nos permite inducir que no se han cumplido, ni los protocolos de seguridad, ni con los programas de mantenimiento, ni con la capacitación laboral. Por lo tanto, aun cuando no podríamos ser concluyentes, existe una muy razonable tendencia que señala que en este trágico y lamentable accidente, han podido confluir elementos relacionados con la violación de los parámetros de seguridad, mantenimiento y capacitación. Esta aproximación la podríamos sustentar con algunos datos importantes:

a. La refinería de Amuay tenía previsto en el plan original del 2011 la ejecución de 9 mantenimientos. De este plan solo se efectuaron 2. Por cierto, con grandes por problemas con los materiales que ocasionaron importantes retrasos.

b. Algunos estudios realizados en la empresa indican que tan solo 20% del personal está involucrado en actividades de seguridad industrial.

c. En las 10 unidades de la refinería de Amuay, los días de parada no programadas se incrementaron 70% con respecto al 2010, al pasar de 375 a 639 días.

Sin embargo, aun cuando lamentamos los fallecimientos, quemaduras y heridas de los guardias nacionales, empleados de la empresa Puramin y trabajadores de la Refinería, entendemos que estaban en funciones inherentes a sus cargos y lo sucedido, es una consecuencia del accidente. Lo que nos resulta inaceptable, imperdonable e inexcusable, es que haya víctimas ajenas a las operaciones que residían en viviendas construidas dentro de la franja de seguridad de la Refinería de Amuay. Esto, sin duda, demuestra la desidia, negligencia y falta de conciencia de la gerencia de PDVSA y las autoridades oficiales que lo permitieron o, sencillamente, lo toleraron. Ellos son responsables directos de esas muertes, porque nunca debieron ocurrir de haberse cumplido con los protocolos de seguridad.

No debemos permitir que este hecho catastrófico quede impune, sin investigación, tal como ha ocurrido recientemente con los continuos derrames de crudo o el hundimiento de la plataforma Aban Pearl, por solo citar dos ejemplos. Rafael Ramírez como presidente saliente de PDVSA y Jesús Luongo como gerente saliente del CRP, son responsables directos de lo ocurrido, en particular con los muertos y heridos ajenos a la operación. Y Hugo Chávez, el mayor responsable por mantener en la presidencia de PDVSA a Rafael Ramírez.

Por otro lado, Ramírez y Luongo deberían decir la verdad o asesorarse mejor antes de dar las declaraciones. Desde el mismo momento del hecho, ambos aseguraron que en dos días la refinería estaría funcionando, que las instalaciones estaban intactas.

Una declaración irresponsable, ya que, previamente, se ha debido realizar una minuciosa inspección de las plantas, equipos e instalaciones para prevenir un nuevo accidente, a causa de algún daño oculto que, obviamente, no puede apreciarse a simple vista. Adicionalmente, el consumo del combustible en los tanques que aun están ardiendo, podría tomar unas 48 horas adicionales, luego de lo cual, se realizarán labores de enfriamiento de los tanques e instalaciones cercanas, lo cual tomará, unas 24 horas adicionales. Por último, según Ramírez, el “evento”, como irresponsablemente califica este accidente catastrófico que podría haberle costado la vida a más de 50 personas, además de dejar un centenar de heridos, no tendrá ningún impacto en la distribución y consumo de combustibles. Es decir, según este Ministro, el cese de producción de productos en Amuay, no tiene ninguna importancia, nos sobra la gasolina, el diesel y otros productos. Sin embargo, le recordamos que importamos gasolina y que, además, se trata de imponer un chip con fines de racionamiento. La verdad es que tendrán que rediseñar la corrida de refinación, la logística de transporte y recalcular la producción de gasolina, porque la capacidad de almacenaje de los componentes que se usan para su producción, olefinas, nafta catalítica y alquilatos, esta comprometida luego del accidente.

No especularemos más sobre las causa del accidente, legítimamente tenemos una aproximación razonable de las causas, pero finalmente deberán ser identificadas por ingenieros forenses de las compañías de seguros que investigarán el siniestro, antes hacerse responsables de los daños según las pólizas de PDVSA.

Finalmente, queremos hacernos solidarios con todos los trabajadores petroleros que día a día ponen en riesgo sus vidas en las operaciones de la Industria. Reivindicamos las declaraciones de José Bodas, Secretario General de la Federación Única de Trabajadores Petroleros de Venezuela, quien desde hace meses ha venido denunciando, al igual que nosotros y muchos colegas, la falta de manteniendo y la improvisación en las labores de la Industria. De manera simultanea, rechazamos, categóricamente, las irresponsables y vergonzosas declaraciones de Wills Rangel, Presidente de la referida Federación. Sus declaraciones, son signo inequívoco de lo que significa un sindicalismo patronal, entregado y sometido a los designios del partido de gobierno. Los trabajadores petroleros, ya saben donde esta la verdad y quienes representan sus intereses como venezolanos y como trabajadores petroleros.

Rafael Ramírez debe ser destituido de manera inmediata de su cargo.



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