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opinión

Vladimiro Mujica

TalCual / ND

Las travesuras de Ozzie y Mélenchon

12 abril, 2012

Los hombres públicos tienen una gran responsabilidad al declararse defensores de regímenes autoritarios

Ozzie Guillén expresó su amor y respeto por Fidel Castro y Jean-Luc Mélenchon hizo lo mismo con Hugo Chávez

Con escasos días de diferencia, separados por miles de kilómetros, el uno en Miami y el otro en París, dos personajes han hecho noticia por sus declaraciones de afinidad con dos dirigentes latinoamericanos. Ozzie Guillén, estrella del béisbol y manager de los Marlins de Miami expresó su amor y respeto por Fidel Castro y Jean-Luc Mélenchon, el candidato del Frente de Izquierda en las elecciones presidenciales francesas, declaró que una de sus fuentes de inspiración era Hugo Chávez.

opinan los foristas

El tremendismo y la asociación con personajes con una carga afectiva en el imaginario popular, son un viejo recurso de los hombres públicos, sean ellos deportistas o políticos, para convertirse en noticia. Más allá de este hecho obvio, y de que los declarantes se permiten el lujo de disfrutar de las maravillas de ser fidelista en Miami o chavista en París, cada uno de los personajes, dadas sus muy distintas trayectorias, requiere un análisis separado.

Oswaldo «Ozzie» Guillén es un talentoso pelotero, ahora convertido en manager de un equipo que lucha por establecer su liderazgo en un área fuertemente latina de los Estados Unidos, sin demasiadas pretensiones intelectuales y con un don especial para ejercer la arrogancia de quienes por tener dinero se creen con derecho a decir cualquier cosa. No es la primera vez que levanta una polvareda con sus declaraciones, pero esta vez le salió un poco costosa la jugada: las protestas de un ofendido mundo hispano y de muchos líderes importantes, además de la firme posición de su equipo tomando distancia de lo dicho por Guillén, lo obligaron a soportar el calvario de una rueda de prensa donde se humilló y se hincó, figurativamente, de rodillas para pedir perdón por lo que había dicho.

Una verdadera crucifixión frente a la prensa en la cual se contradijo, habló en mal español y peor inglés y donde, en definitiva, dijo mucho y convenció poco. La decisión de los Marlins de suspenderlo por cinco juegos, ha sido criticada por mucha gente como si se tratara de un atentado contra la libertad de expresión. En verdad, la empresa está en su perfecto derecho de deshacerse o sancionar a alguien que le ocasiona un problema de imagen pública. Lo mismo no podría afirmarse si, por ejemplo, un fiscal ejerciera una acción legal contra Guillén, lo cual, sin duda, estaría limitando su derecho a expresarse.

FRANCÉS OPORTUNISTA El desplante y la falta de sensibilidad de Guillén hacia las víctimas de los hermanos Castro, palidecen frente al oportunismo del político francés, quien se manifiesta inspirado en las gestas de Chávez, Morales, Correa y Kirchner. Poseedor de un verbo agudo y de una considerable cultura histórica, la posición de Mélenchon tiene el agravante de la falsificación cuando se refiere a la supuesta mejora en la vida de los pueblos de Venezuela, Bolivia, Ecuador y Argentina. El caso de Venezuela es especialmente patético porque donde Mélenchon ve una excitante fuente de inspiración, los venezolanos vemos 13 años de conflicto, empobrecimiento, violencia y polarización del país.

El diario Le Figaro se hizo eco de una referencia a Mélenchon como «le petit Chavez à la française», el Chavecito francés, aparentemente producto de la creatividad de un dirigente del Comando Tricolor en Francia, Francisco Merino.

Leí en otra fuente que Mélenchon replicó con ironía preguntándose: «¿Por qué pequeño?» y agregó: «Él (Chávez) ha ganado 12 de 13 elecciones, lo cual está bien para nosotros.

Redujo la pobreza en su país y nacionalizó el petróleo (…). Mélenchon no tiene petróleo, pero tiene ideas». Me cuesta creer que el culto candidato francés desconozca que Chávez no tuvo nada que ver con la nacionalización del petróleo o que ignore que la pobreza en Venezuela sólo ha disminuido en la manipulada estadística oficialista. Descartada la posibilidad de la ignorancia, solamente queda como hipótesis que estamos en presencia de una descarada manipulación de la opinión pública. Mentiras con fines políticos, aparentemente moneda de curso común cuando de la carrera por el poder, sea en Venezuela o en Francia, se trata.

«Le grand Chavez à la française», para no ofender la susceptibilidad del candidato francés, se encarga con su corrección de dejar claro otro elemento muy importante: la visión antropológica que tienen muchos dirigentes de la izquierda europea sobre la política en Latinoamérica. Mientras se expresan públicamente como defensores de la revolución chavista, reconocen en círculos más pequeños y discretos que un proceso como el venezolano no se podría producir en Europa. Es decir, dadas las condiciones de atraso de nuestro país a lo más que podemos aspirar en este momento histórico es a ser dirigidos por alguien como Chávez. En otras palabras: tenemos lo mejor que podemos tener y el proceso, a pesar de sus evidentes deficiencias, no puede ser copiado en Francia o en otro país europeo.

Las «travesuras» ideológicas de Mélenchon no terminan ahí. Otros elementos de su credo incluyen el señalar a Estados Unidos como el primer problema del mundo; su defensa de China y su denuncia de la propaganda occidental que presenta a los monjes tibetanos como víctimas de la represión en Beijing, así como sus declaraciones afirmando que «Cuba no es una dictadura» y que «el Islam no plantea tantos problemas como el cristianismo». Para el eurodiputado ecologista Daniel Cohn-Bendit, Mélenchon representa «la gran nostalgia de los años 70: banderas rojas, vamos a revolcarlo todo». Frente a todo esto la irresponsabilidad del rico y parlanchín Ozzie es un pecadillo menor. Pobre Francia si cae cautivada por el mesianismo a la Chávez como cayó Venezuela en 1998.



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