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opinión


El Universal / ND

Una gran revista

13 noviembre, 2010

Ha mantenido postura invariable frente a los intentos del Gobierno por silenciar a los medios

Antonio Pasquali, el comunicólogo de mayor importancia en Venezuela, afirma que es uno de los excluidos de la revista Comunicación. Sin embargo, se felicita por la presencia de la publicación y lamenta que no existan otras de igual calidad entre nosotros. Comunicación es un actividad perseverante, escribe Pasquali, a través de la cual se ha analizado el papel prioritario de los medios en un tono equilibrado y accesible a una lectoría masiva. Sin apegarse excesivamente a la academia, pero sin arrojarse en los brazos de la simple divulgación, la revista ha logrado, asegura para terminar, una penetración y un largo viaje que no han podido superar instituciones como las universidades laicas o voceros agrupados en la izquierda democrática de la cual él forma parte. Raúl Fuentes Navarro, del Departamento de Estudios Socioculturales de Jalisco, ofrece una opinión que seguramente compartiría Pasquali. Comunicación, afirma el mexicano, es «un testimonio ejemplar de congruencia crítica ante las transformaciones del entorno en el que se desarrollan los complejos procesos de comunicación y de su comprensión intelectual».

opinan los foristas

Cuando uno no es experto en una materia busca la compañía de los que saben. Para no empezar con vacilante pie, eso he tratado de hacer cuando quiero escribir sobre esta revista que patrocina el Centro Gumilla. Después de acudir a la seguridad de dos sólidas muletas, me atrevo a decir un par de cosas sobre las cuales puedo opinar sin el auxilio de los saberes necesarios. La primera: cumple 35 años de vida. La segunda: ha mantenido postura invariable frente a los intentos del Gobierno por silenciar a los medios. Son dos hazañas, según trataré de mostrar a continuación.

Tres décadas y media saliendo con puntualidad es suceso digno de atención en un país en el cual la mayoría de las publicaciones periódicas tienen carrera efímera. Aparte de la ya histórica Revista Nacional de Cultura, no tenemos otra de tan prolongado e ininterrumpido itinerario. Ha aparecido con puntualidad durante 35 años, mientras la mayoría de los fascículos de crítica cultural, de cuño político o aun de amenidades y superficialidades, languidece hasta pasar a mejor vida. Ha soportado presiones y borrascas para atender la obligación con los destinatarios, y la misión del análisis de la comunicación social en Venezuela y en otras partes de Latinoamérica. Contar con la seguridad de un aliento tan estimable es asunto de justificado encarecimiento. De allí que quiera considerar con asombro la asiduidad de un compromiso intelectual como pocos de los que se han intentado de buena fe en el país.

La posición irreducible frente al encono con el que la «revolución» ha atacado a los medios independientes, es otro de los aspectos susceptibles de elogio en el trabajo de la revista. Como no son pocos los que han agachado la cerviz ante las arremetidas del oficialismo, que el consejo editorial no se haya puesto de rodillas merece el mayor reconocimiento. Como han sobrado las presiones cada vez que circulan sus fascículos, es encomiable la conducta de autonomía que no ha sufrido mudanza en la mesa de redacción, especialmente en la selección de colaboradores dispuestos a escribir con el énfasis requerido por las circunstancias.

Pero, aparte de tal conducta alrededor de la cual no caben sino letras respetuosas, no es aspecto trivial el hecho de que la revista haya persistido en la crítica de los medios en general, en la discusión de sus contenidos deleznables y en el reclamo de una metamorfosis de la prensa, la radio y la televisión en beneficio de la salud de la sociedad.

El ejercicio de la crítica pierde credibilidad cuando los críticos buscan parapetos susceptibles de ofrecer protección de los disparos que vienen de diversos frentes, especialmente si se trata de frentes poderosos como el Gobierno de turno al que no le gustan sino posiciones obedientes; y como los dueños de los emporios comunicacionales, quienes se sienten a sus anchas ante las conductas complacientes. Como no es el caso de la revista Comunicación, celebramos que nos haya servido de compañía en procesos fundamentales para la convivencia en períodos de mudanzas y de resistencia a las mudanzas, en una época de confusión, manipulación y confirmación de valores fundamentales para la democracia. Sólo nos resta esperar sus próximas entregas, que no dejarán de circular ni cambiarán su contenido, si nos atenemos a lo que han hecho hasta ahora contra viento y marea.

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